“Nunca he negado que estuve ahí. Sé que cometí un d* lito y sé que merezco una consecuencia. Pero una cosa es pagar por lo que hiciste y otra muy distinta es que nunca te permitan contar tu versión. Desde el inicio se me negó el derecho a un abogado durante mi declaración. Fui presentado públicamente como culpable antes de ser juzgado. Mi testimonio fue anulado por haberse obtenido de forma ilegal, desaparecieron grabaciones, se modificaron pruebas y hasta permitieron que la escena del crim* n fuera alterada antes de que pudiera reconstruirse lo ocurrido. ¿Qué tipo de justicia es esa? Yo no pido perdón ni trato especial. Pido un juicio conforme a derecho, legal, justo y limpio. Si después de eso se decide que debo estar aquí, lo acepto. Pero no bajo un proceso manipulado desde el principio.”
“Tenía 21 años. Estaba enamorado, confundido, emocionalmente cegado. No justifico nada, pero tampoco puedo negar que tomé decisiones desde un lugar equivocado. Hoy, catorce años después, tengo la claridad que no tuve entonces. Sé que debí alejarme, que pude haber evitado todo si hubiera tenido el valor de decir ‘esto está mal’. No lo hice, y eso me pesa todos los días. También duele ver que la persona que señalé como autora intelectual nunca fue procesada y que testigos clave jamás se presentaron a los careos. Eso te obliga a preguntarte qué tan justa ha sido realmente esta historia. No busco evadir mi responsabilidad. Solo quiero que se escuche mi voz, que se revisen las irregularidades y que se me conceda el juicio que no tuve hace más de una década.”
Diego Santoy, desde prisión, sobre el proceso judicial que —según él— lo condenó más por la presión mediática que por un juicio plenamente justo. En 2021, un juez ratificó su sentencia de 71 años, 7 meses y 27 días.
Con información de Revista IN














